Saúl Méndez
Aguilar
La
semana pasada hablamos de que el país se encuentra inmerso en lo que se
denominó una “trampa fiscal”, recordando brevemente dicho concepto, lo
definimos como que el gobierno de nuestro país no podía brindar los servicios
públicos adecuados a la población porque no cuenta “en teoría” con los
suficientes ingresos para hacerlo, el gobierno no cuenta con dichos recursos
porque cobra unos impuestos sumamente bajos, y hay a su vez ciertos sectores de
la población que eluden o evaden estas obligaciones, y la población en general
no estaría dispuesta a pagar mayores impuestos porque los bienes y servicios
públicos son sumamente ineficientes.
Así
mismo en el artículo pasado mencionamos todas las desventajas y consecuencias
que una trampa fiscal tiene en nuestro país, siendo en mi opinión la más
importante un constante estancamiento económico.
De
manera que lo urgente sería el plantear medidas de política pública que nos
ayuden a romper dicha trampa, en muchas de las opiniones que se han declarado
por funcionarios del sector público está continuamente el aplicar reformas
fiscales, las cuales se traducen normalmente un alza en la tasa de los
impuestos, generalmente en nuestro país son el ISR, IVA y el IEPS, y para
comprobarlo tuvimos en México la reforma fiscal y hacendaria de 2013, la cual
en términos breves subió las tasas impositivas de las obligaciones anteriores.
En
mi opinión lo anterior si bien si tiene un impacto reflejado en los ingresos
del sector público, no es la manera eficiente de hacerlo, ya que, si dicho
aumento de las obligaciones no viene
acompañado con un mejoramiento de los bienes y servicios públicos, lo más
probable es que los indicadores de evasión y elución de impuestos se disparen
en niveles más altos, porque los contribuyentes no tiene incentivos suficientes
para pagar mayores tasas de impuestos
El
mecanismo más eficiente a mi parecer para romper de tajo con la trampa fiscal
es vía incremento del gasto e inversión públicas, anexadas evidentemente con un
mejoramiento y eficiencia de los bienes y servicios públicos existentes. Dicho
gasto debería ser financiado por deuda pública sin una necesidad previa de un
aumento de impuestos.
Una
vez gastando el gobierno sin la necesidad de que a la población se le grave con
una tasa mayor y mejorando los rubros mencionados anteriormente, los ciudadanos
cambiarían su expectativa y confianza hacia el sector público, con dicho
aumento de la credibilidad, el Estado en su debido momento podría ahora si
aplicar una reforma fiscal que le permitirá hacerse de mayores recursos para
afrontar las obligaciones que se le presenten.
Lo importante también en este punto es que la
calidad y cantidad de los bienes y servicios se mantenga en un grado de alta
eficiencia, ya que no mantener en cuenta estos puntos se podría recaer en la
trampa fiscal.
Ahora
bien ¿Por qué debe financiarse el gasto público con deuda? Como lo dije
anteriormente un aumento de impuestos sin un nivel de confianza por parte de la
población al gobierno no tendría los mismos efectos que un mayor gasto por
iniciativa propia del estado, dicho gasto evidentemente debe de ser financiado
por algún lado. Con la colocación de nueva base monetaria no es posible por el
grado de independencia que tiene nuestro banco central con la secretaria de
hacienda, de manera que, si no se puede pagar el gasto vía aumento de impuestos
o emisión monetaria, solo queda la opción de deuda pública, la cual no es mala
como algunos sectores de la población y servidores públicos que piensan que lo
es, una deuda bien utilizada en gasto e inversión de bienes productivos, a la
larga genera los rendimientos suficientes para poder pagarla en un mediano o
largo plazo, de hecho nuestro país es uno de los menos endeudados del mundo,
con apenas el 43% del PIB, habiendo otros países como Japón y Estados Unidos
que respectivamente tienen un 200% y 180% deuda con respecto al PIB.
Dicho
lo anterior en materia de deuda, una ventaja adicional que tiene es que esta
genera los suficientes efectos multiplicadores en el conjunto de la economía,
que benefician tanto a públicos como a privados, evitando de esta manera que la
economía nacional siga estancada como los últimos 30 años ha estado.

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