por Arturo
Martínez Paredes
Si el lector tuvo la oportunidad de ver la legendaria
Mary Poppins en su versión de 1964, habrá visto, además de uno de los mayores
musicales de la historia, una de las mejores explicaciones de una crisis de
banca. Cuando el pequeño Michael le exige al viejo director del banco sus dos
céntimos, y ante la negativa de éste, el resto de los cuentahabientes entran en
pánico y le exige al banco la devolución de sus depósitos, por lo que el banco
se ve obligado a cerrar, simple y pura desconfianza.
Además de ese ejemplo de una crisis bancaria, una
escena antes, el presidente del banco, el señor Dawes, al intentar explicarle
las finanzas al pequeño Michael, exclama una especie de profecía: “Mientras
exista la banca inglesa, Inglaterra existirá, cuando caiga la banca inglesa,
Inglaterra caerá” (Stevenson, 1964) .
Sin duda Inglaterra tiene una gran tradición
financiera, por siglos fue la capital del mayor imperio del mundo, una absoluta
potencia marítima y económica que gestionó algunos de los mayores avances
tecnológicos de la historia. La banca, y las finanzas en general no eran la excepción. Los tiempos cambian y
el Reino Unido con él, el viejo imperio dejó de ser una potencia hegemónica, y
pasó a ser un país miembro de la Unión Europea, aunque continuó usando la libra
esterlina en lugar de adoptar el euro como sus socios continentales, una cierta
forma de hacer notar su independencia y fortaleza.
El Reino Unido tiene severos problemas en la
actualidad, principalmente con el asunto del llamado Brexit, una salida
recientemente pospuesta, aunque inminente, de la Unión Europea. La independencia
del imperio tiene costos, especialmente si hay un Brexit sin acuerdo, es decir,
que el largo proceso de integración económica que ha fortalecido los lazos
entre la isla y Europa continental desde la segunda guerra mundial, serán
prácticamente olvidados, el debate si salir con un acuerdo o sin él, continúa y
no parece haber una conclusión que favorezca al propio RU. El panorama es
conflictivo, por la gran incertidumbre que se genera en los inversionistas ante
qué puede pasar con el comercio y la economía británica, las inversiones dejan
de fluir ante estas malas expectativas, en referencia, en palabras del
gobernador del Banco de Inglaterra “el ingreso real de los hogares en ₤900
menor por hogar de los que pronosticamos en 2016, lo que es mucho dinero” (Partington, 2018) , el Brexit aún no
ocurre y ya se sienten efectos desfavorables en la población, la libra se ha
depreciado respecto al dólar de 1.7 dólares a 1.3 en esta semana, con un Brexit
duro podrían producirse aumentos inflacionarios, caídas en la inversión y en el
PIB.
En el sector financiero, en la banca en específico,
también se puede hablar de una tendencia a la baja sustancial en los bancos
ingleses, destacan el grupo Barclays y el Royal Bank of Scotland, las acciones
de los 2 grupos valen actualmente, según Bloomberg, poco más de 5 dólares, en
2015 por lo menos 10,
La economía británica, la europea, junto con EE. UU. y
el resto del mundo, parecen entrar en una época complicada, en la que la banca no
se salva, quizá la profecía del señor Dawes, “el gigante del mundo financiero”
es demasiado alarmista, pero es claro que la banca inglesa no la está pasando
bien, y tampoco el resto de la economía de Inglaterra, aunque la banca inglesa
es la que está siendo arrastrada por Inglaterra en conjunto.
Referencias:
Bloomberg.
(11 de abril de 2019). Bloomberg. Obtenido de
https://www.bloomberg.com/
De
Miguel, R. (28 de noviembre de 2018). El País. Obtenido de https://elpais.com/internacional/2018/11/28/actualidad/1543405055_294154.html
Partington,
R. (22 de mayo de 2018). The Guardian. Obtenido de
https://www.theguardian.com/politics/2018/may/22/brexit-vote-cost-uk-mark-carney-bank-of-england
Stevenson,
R. (Dirección). (1964). Mary Poppins [Película].
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