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Una forma de salvar al pequeño productor mexicano: la agroecología



Por Carlos de León
Cuando uno piensa en agricultura, normalmente, se imagina al señor con sombrero, los plantíos de maíz y que se oye música regional mexicana al fondo. Pero, la agricultura a partir de la Revolución Verde se ha buscado el desarrollo tecnológico para una mayor productividad del campo. En palabras más generales: las semillas modificadas, los pesticidas, los fertilizantes y las nuevas técnicas de cultivo. Ya muchos de ustedes sabrán el debate que hay con las semillas mejoradas y el problema de los fertilizantes provocadores de enfermedades graves para la sociedad.
Cuando este boom de innovación del campo empezó a nadie le importaba los daños a la salud y mucho menos al medio ambiente, pues el punto era la expansión de la producción agrícola y la búsqueda de la ganancia. Pero cuando los países desarrollados vieron que el daño al planeta no era un “cuento chino” las medidas ecológicas empezaron a ser discutidas con mayor seriedad en la esfera política. Si bien las medidas no son bien aplicadas en países como el nuestro, la discusión se ha hecho muy rica con distintas propuestas de expertos para alternativas verdes de producción agrícola. Una de ellas es la agroecología.
La agroecología es una ciencia que estudia a la agricultura desde una perspectiva ecológica, pues piensa en el largo plazo del daño ambiental que puede traer consigo el uso excesivo de fertilizantes químicos o el monocultivo. El punto, de una forma muy general, es utilizar técnicas ecológicas para producir, como el policultivo o el uso de fertilizantes orgánicos hechos por el mismo agricultor. Pues, estas técnicas piensan en conservar la biodiversidad del lugar donde se va a cultivar.
El punto de contarles todo esto, es que, un agricultor que, sino produce para el autoconsumo, ve muy difícil ser competitivo con los grandes productores de productos agrícolas, pues no tiene acceso a las semillas mejoradas que sólo funcionan con fertilizantes especiales, lo que hace que sea menos productiva su cosecha. Uno puede estar pensando “que se haga un incentivo con subsidios a los precios”; bueno esto no tiene porque funcionar, pues en nuestro país el “coyotaje” y los intermediarios son los que se llevan la mayor parte del subsidio a los precios. Y si se hace un subsidio al productor, bueno, eso ya se hace, SAGARPA tiene varios programas. Pero como “#México”, no hay certeza de que lleguen o que se gasten en la producción agrícola. Entonces, aquí entra la otra parte de la agroecología. No sólo se preocupa por la producción, también por la comunidad.
No me gusta hablar de vivencias personales, pero, hace como dos años fui a un proyecto de agroecología en Puebla por parte de una práctica de campo, lo cual tuvo resultado un ensayo sobre agroecología y desarrollo. La parte que más me impresionó de ese trabajo fue que los terrenos vecinos del lugar a donde fui empezaban a replicar las prácticas ecológicas y entrevistándolos, comentaban que se sentían más satisfechos con esto, pues ahorraban en costos y tenían comida más saludable y orgánica.
Esto me puso a pensar: las pequeñas comunidades no pueden ser muy competitivos, por razones estructurales de ser periferia de la periferia de la periferia; por lo que la mayoría de los terrenos no se usan por ser poco productivos sin las semillas mágicas y por tener suelo salino, lo que mueve a la fuerza de trabajo a otro tipo de actividades. Pero dejan de tener seguridad alimentaria porque ya nadie produce. Por lo que, deberían de empezar a usar técnicas ecológicas, desde curar los suelos hasta la producción agroecológica y así, al menos, asegurar su alimentación. Si bien les va, en el largo plazo, vender sus productos orgánicos. Pero como el dinero no sale de la nada, se debe de, primero difundir la agroecología u otro tipo de prácticas agrícolas y segundo, pensar bien en programas que fomenten los proyectos ecológicos para el mejoramiento de las pequeñas comunidades, sin el capricho de que “sean competitivos” y que primero se aseguren de que van a comer.
Bueno, podrán encontrar diversos fallos en mi argumentación, en primer lugar, como economista no tengo ni idea de como funciona el campo, y segundo porque la organización de las pequeñas comunidades es más compleja que “sean ecológicos o mueran”. Pero, ya vieron amigos, que la catástrofe ecológica no es un cuento chino así que se deberían a empezar a preocupar, porque al menos yo, no quiero vivir como en Interestellar de Christopher Nolan.

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