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La deficiencia de la banca en México



Por: Saúl Méndez Aguilar

El día de ayer el presidente de la república sostuvo una junta de trabajo con la asociación de banqueros de México (ABM) por sus siglas, en la cual estos últimos prometieron que en el transcurso del año otorgarían 500 mil millones de pesos para fomentar la actividad productiva en el país, lo cual sin duda podría dinamizar la actividad económica en México, ya que de nueva cuenta se ha recortado la perspectiva de crecimiento en la economía de nuestro país.
Pero los últimos años el actuar de los banqueros en México no ha sido del todo cooperativo con los objetivos de crecimiento del país, ya que, las instituciones bancarias a raíz de su extranjerización han centralizado el otorgamiento de créditos únicamente al consumo (tarjetas de crédito, créditos personales, hipotecarios y automotrices) dejando de lado los prestamos a la actividad productiva.
Aunado a lo anterior, las tasas de interés activas que la banca privada cobra son sumamente altas en comparación con sus tasas pasivas (las que ellos pagan a los depósitos e inversiones) haciendo que sea poco atractivo para la población mexicana ahorrar en las instituciones bancarias.
En el periodo del milagro mexicano, cuando la economía mexicana tuvo los mejores niveles crecimiento económico, la actividad bancaria apalanco la mayor parte de las actividades productivas del país, y existiendo en ese entonces una banca de desarrollo sólida, la cual otorgaba créditos a tasas de interés bajas a la producción (industrial, agrícola, ganadera, pesquera), hicieron que el país creciera a tasas del 8% anual en el periodo que comprende los años 40´s a los 60´s. Dichas  tasas fijadas por instituciones como Banobras, Banco del fomento agrícola, Bansefi,  Banco del fomento a la pesca, entre otras, hicieron que la banca privada no cobrase tipos de interés tan altos como lo hace al día de hoy.
En la actualidad la banca de desarrollo ha quedado marginada únicamente a 3 instituciones (BANCOMEXT, BANOBRAS, NAFINSA) que otorgan créditos a la actividad productiva, pero estos conllevan grandes niveles de burocracia y requisitos.
Si bien la población mexicana puede utilizar algún crédito personal y/o de consumo para emprender negocios, o bien los prestamos “especializados” para las Pymes, estos siguen siendo con tasas de interés elevadas, las cuales, si algún negocio no prospera o no tiene una tasa de retorno lo suficientemente alta, para pagar los préstamos, las lleva a una posible pérdida de capital o impago del mismo, y es aquí donde recae la importancia de que los bancos no tengan tanta diferencia entre sus tasas de crédito y ahorros.
Para que un país tenga un buen desarrollo económico es de suma importancia que las instituciones bancarias y financieras tengan un alto grado de penetración en la sociedad, es decir que, por ejemplo la mayoría de la población tenga cuentas de ahorro o débitos, que la mayoría de los comercios (ya sean en zonas urbanas o no) acepten pagos a través de instrumentos financieros (tarjetas de debito o crédito, códigos Q.R, y en algunos países como en Suecia se puede pagar con huella digital), así como el numero de sucursales bancarias por cada 100 mil habitantes.
En su libro, Jaime Ros (2015) expone que el nivel de penetración de la banca en México es sumamente bajo, y esto lo podemos ver y comprobar cuando no estamos dentro de alguna ciudad de considerable tamaño, nos cuesta encontrar sucursales bancarias o no podemos realizar con relativa facilidad pagos con tarjeta; prácticamente nos limitamos únicamente al uso de efectivo.
La complicación que tiene la sociedad mexicana para poder acceder tanto al crédito como a los instrumentos financieros es grande, lo cual ha llevado a que, como dice Ros (2015), hayamos entrado a una trampa de lento crecimiento económico. Es claro que necesitamos que la banca privada ponga de su parte para poder tener acceso a crédito barato y mayor focalizado a ser dedicado a proyectos productivos, o bien el resurgimiento de instituciones bancarias de desarrollo, tal y como las teníamos cuando la economía mexicana crecía a ritmos espectaculares, solo así podremos tener un mayor desarrollo económico que permita hacer crecer a la sociedad mexicana.

Referencias
Ros, J. (2015). “Como salir de la trampa de lento crecimiento y alta desigualdad”. El colegio de México, UNAM, México.






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