Por
Carlos de León
A finales del año pasado,
cuando la nueva administración presentó el presupuesto de egresos de la
federación, los recortes de la austeridad republicana se notaban bastante. Se
armó la polémica por todas partes por recortes a diferentes ramos, pero uno que
en particular me llamó la atención fue el recorte de presupuesto de la UNAM.
La prensa ardió, gran
parte de la comunidad universitaria dio el grito al cielo y el principio del odio
a la austeridad republicana empezaba. Pero ¿en realidad es tan importante el
recorte de presupuesto de la UNAM? A mi parecer no lo es.
El problema no es el
presupuesto enorme de la UNAM por sí solo, el problema es el presupuesto enorme
de la UNAM en comparación a otras universidades. No está mal que la educación
superior tenga instituciones líderes, pero concentrar a toda la población que
quiere terminar una licenciatura en tres universidades en la capital del país
me parece excesivo para pensar el desarrollo de México. La UNAM como
universidad siempre será la primera opción de muchos por su calidad y por el
sentido de identidad que le otorga a la sociedad, pero esto genera una
concentración de los próximos profesionistas del país, que se quedan sin lugar
en la universidad y por la decadencia de calidad de las demás universidades
deciden no estudiar hasta entrar a la UNAM.
La calidad de la
educación superior en el resto del país es deficiente en comparación a las tres
universidades más grandes de la capital, y puede ser que tenga que ver con la
centralización de la actividad económica del país, pues como aquí se concentra
mayor parte del ingreso, los mejores profesionistas tienden a vivir en la
capital y por eso los mejores profesores dan clases en las universidades públicas
de la CDMX. Dado que no hay
presupuesto para las demás universidades del país, esto provoca que la calidad
de las aulas y de los materiales para el desarrollo del aprendizaje sea de menor
calidad que el de la UAM, el IPN y la UNAM o que las cuotas de inscripción sean
mayores.
No hay ningún problema
con que la UNAM tenga presupuesto, pero el pensar en que la demás educación
superior está en decadencia te hace reflexionar si el gasto en educación pública
es el correcto. Es decir, si las universidades de los diferentes estados de la
república llegan a un nivel cercano a la calidad de la UNAM o el IPN, puede
aumentar el número de profesionistas bien preparados para el mercado laboral y
en materia de desarrollo económico, pues a mayor a educación, teóricamente,
habrá mejores oportunidades de salario altos.
Ya sé que esto no es tan
sencillo, un mejoramiento en la calidad de la educación en todo el país debe ir
de la mano con un mejoramiento de las oportunidades laborales para los nuevos
profesionistas preparados; una política industrial enfocada en la
especialización o apostar por la tecnología y la innovación como país.
Hay otra cuestión que no
hace sencillo el simplemente aumentar presupuesto de las otras universidades,
significa, fiscalmente, quitarles presupuesto a otros gastos o aumentar la
recaudación. Si pasa que se le quita presupuesto a la UNAM, el IPN y la UAM y
se ven en la penosa necesidad de aplicar cuotas mayores o sólo gastar menos, la
comunidad universitaria se te va encima; si se pone una
cuota más alta “se estaría atentando contra la educación pública y la
privatización llegaría a la UNAM”; y si se le quita presupuesto, la prensa
explota como dijimos al principio, y debido a lo ya narrado AMLO dijo que
se equivocaron y el presupuesto de la UNAM no bajaría.
Me parece que como
capitalinos se nos hace fácil quejarnos de que hay cuotas y hacer un discurso
sobre la importancia de la UNAM para la nación y su papel en la identidad de la
clase media mexicana, pero hay que ver más allá de la realidad aislada de la
CDMX y pensar que las oportunidades de educación deben estar en todo el país y
no concentradas en la capital.

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