Por:
Saúl Méndez Aguilar
Hace unas cuantas semanas circulo la cifra oficial del
crecimiento de la economía mexicana en el primer trimestre de 2019, siendo este
de apenas del 0.2% en comparación con el primer trimestre del año 2018. Esto
sin lugar a duda es algo de que preocuparse, dado a que, y sumando las
expectativas de crecimiento del PIB para el cierre del presente año realizadas
por distintas agencias calificadoras, instituciones financieras y el mismo Banco
de México que no rebasan el 2% anual, pueden ser señales de alarma de que la
economía nacional entre en una posible recesión para el siguiente año.
Esto al actual gobierno de la república parece no hacerle
mucho ruido, ya que se mantienen sumamente optimistas de que el desempeño de la
actividad económica corre en su curso normal.
Lo cual me hace pensar; ¿Por qué le cuesta demasiado
trabajo crecer al país? Es ¿acaso porque nos encontramos en la fase baja del
ciclo económico? Y surge la pregunta de ¿qué se puede hacer?
Evidentemente hay demasiado factores que impiden que el
país aumente sus niveles de producción, que en estos próximos escritos nos
enfocaremos en explicar 3 de los más importantes.
El primero de ellos y sin duda de suma relevancia es el
abandono del sector público en la economía, es decir los constantes ajustes y
reducciones al gasto e inversión pública, para dar preferencia al otorgamiento
de programas de asistencia social (que ojo, no digo que no haya que aportar en
estos rubros).
Todo gasto en inversión pública trae consigo efectos
multiplicadores en la actividad económica, vamos a poner un ejemplo. El
gobierno manda a construir una carretera en” x” estado, que acorte distancias
entre alguna población y la ciudad capital, el sector público tendrá que
contratar ya sea a una empresa que realice el trabajo o bien que estos hagan la
obra por si mismos, cualquiera de las 2 ocupará maquinaria e insumos necesarios
(Cemento, Camiones de volteo, palas, etc.) los cuales fueron elaborados por
empleados de las empresas que se dedican a la fabricación de los mismos, ante
la venta de dichos materiales los patrones darán el respectivo salario a los
trabajadores, el cual gastaran en bienes y servicios de otras empresas o
tiendas, las cuales de igual forma su producción fue hecha por las manos de los
trabajadores, y que del mismo modo recibirán su sueldo e irán a adquirir sus
bienes que les permitan subsistir.
La propia obra para construir la carretera necesitara de
sus propios trabajadores, los cuales harán lo subsecuente a los empleados
correspondientes de las empresas fabricadores de insumos.
Una vez terminada la obra, y recortando los tiempos de
traslado, supongamos que antes se podían hacer 2 viajes por día, ahora con esta
nueva infraestructura pueden hacerse 6 viajes por día, lo cual dinamiza aún más
la actividad económica de la región.
Y dado a que la población estaría teniendo mayores
ingresos y volúmenes de gasto, el gobierno ve aumentado sus ingresos porque se
incrementa la base gravable, es decir se esta recaudando más debido al mismo
gasto que hizo el sector público.
Una vez ejemplificado esto, podemos entender que tan
importante es que haya inversión en un país, ya sea pública o privada, la
cuestión en México es que desde hace varios años la inversión del sector
privado ha venido cayendo, y la inversión pública no ha tenido grandes
volúmenes como para remplazar a la primera y guiar el crecimiento económico del
país.
Este gran descuido en este rubro, y la preferencia de
cubrir de mejor manera el gasto en programas sociales, el cual muchas veces
pudiera ser tachado de oportunista y/o populista es gran factor del
estancamiento económico del país.
Y la pregunta o el dilema “moral” que puede surgir aquí
para los actores públicos es, que sería mejor o más benéfico para la sociedad,
que el gobierno gaste en la creación de nueva infraestructura que genere los
debidos efectos multiplicadores en la economía nacional, o que el gobierno
ponga su prioridad en el combate a la pobreza, elevando el monto total de recursos
que se pone para este rubro del presupuesto, y esperar que con menores niveles
de pobreza, alguna vez estos puedan generar los efectos multiplicadores antes
mencionados.
En mi opinión ambas se pueden realizar, pero para ello el
gobierno debe dar prioridad en el presente a lo primero, para que, en un futuro
no muy lejano, y ya con elevados ingresos se pueda buscar atacar lo segundo.

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