Por
Carlos de León
El 9 de julio,
Carlos Urzúa renunció al cargo de secretario de Hacienda, lo cual fue una bomba
en la prensa y en los mercados. Veamos el panorama anterior antes de empezar a
tratar el caso de Urzúa.
Esta administración
ha sido bastante atacada por la prensa, justificadamente o no; pero se ha visto
un gran bombardeo mediático en contra de la administración, remarcando la
mayoría de los errores como el fin del mundo y dejando pasar los pequeños
logros que se han hecho. El problema con una administración que la están
pintando como la revolución institucional de izquierda es que da malas señales
al mercado. Más allá del debate de que esta administración no es de izquierda y hasta más neoliberal que antes, la señal de “es un
gobierno de chairos” está dada y muy aceptada por bastante gente.
En un principio, la
primera señal al mercado por parte del gobierno actual fue “los empresarios ya
no deciden las acciones públicas” con la cancelación del aeropuerto; seguida de
“vamos en serio con el combate a la corrupción y mercado negro” con el ataque
al huachicoleo. Estas a mi parecer han sido las más trascendentales de todo el
gobierno y más allá de estar bien o no o dar buenos resultados; fueron
estrategias planeadas.
La renuncia
anterior de Germán Martínez, por mal reparto de recursos al sector salud, con
su respectiva carta de renuncia pública, mandó una señal de debilidad
institucional, lo cual, en un principio, no afecta a los mercados, pues el
sector salud no es de importancia para el capital, principalmente el capital
financiero. Pero deja una huella, una huella de debilidad institucional, de que
los mismos servidores públicos no están de acuerdo con lo que se está haciendo.
Cuando Urzúa
anunció su renuncia, con todo y carta, mando una nueva señal de desconfianza
institucional, es decir, el tipo que está a cargo de una de las instituciones
más importantes en materia económica renunció, porque no estaba de acuerdo en
cómo se hacían las cosas. Si bien el golpe no fue tan grave para el tipo de
cambio, pues pasó de 18.9 a 19.3 aproximadamente, la señal ya fue mandada. La
debilidad institucional puede generar dudas en los inversionistas extranjeros
que meten su dinero en deuda pública o en proyectos productivos. En un gobierno
donde los servidores públicos de grandes cargos se van porque no llevan el
camino que se planeó en campaña, algo anda mal. Nadie sabe a ciencia cierta
cómo se hace la política del país, y eso genera incertidumbre. “Qué tal si un día se van a
impago de la deuda pública porque ‘los grandes capitales ya no nos mandan’ y si
no hay un secretario de Estado que ponga orden en el financiamiento público las
cosas se pueden salir de control. ¡Ay mamá! yo mejor me voy de aquí”.
Con la salida de Urzúa,
entró Herrera. Que, siendo completamente sinceros, no creo que exista algún
cambio en el hacer política económica con este nuevo personaje en el tablero,
pues, las órdenes de austeridad no van a cambiar y lo que reclamaron Urzúa y
Martínez mucho menos lo hará. Entonces, el golpe del tipo de cambio fue
momentáneo porque la política será más o menos la misma, pero si otros
funcionarios se empiezan a ir, la confianza del inversionista caerá y seguirá cayendo, hasta
que nuestro tipo de cambio reciba un golpe lo suficientemente fuerte para las
presiones inflacionarias, el ajuste de política monetaria y menor crecimiento.
En un principio, la
renuncia de Urzúa no significa nada para le gente común como nosotros, pero a
largo plazo, si la tendencia de renuncias continua, el problema se puede
agrandar. Por el bien de nuestro país, esperemos que nadie más renuncie.

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