Por: Mariana C. Galván
Más
allá de las tareas de carácter jurídico que el estado desempeña, el estado
ejecuta actividades que nos permiten subsistir dentro
de las inmediaciones sociales y económicas. La conformación de la economía
mexicana conlleva una gran parte de participación estatal en ella.
El
estado se desenvuelve como creador de política económica, política pública y
responde a necesidades educativas, de salud e inclusive de recreación como lo
son el deporte y la cultura. Mediante la instrumentación de políticas se busca
que todas las personas obtengan un nivel de vida digno y el cumplimiento de los
objetivos a nivel macroeconómico. Es así como se implementan políticas
prudentes para el crecimiento y desarrollo del país, siempre con la congruencia
sobre las prioridades que pueden llegar a variar cada que se eligen mandatarios.
Dicho
esto, los ingresos del estado son los que permiten que todo lo anterior sea
posible. Las formas de financiamiento del estado son principalmente, los
ingresos tributarios que son conformados por todos los impuestos recaudados
dentro de un periodo en específico, los ingresos petroleros que son conformados
por la venta de barriles de petróleo a nivel internacional y la deuda externa, la
cual debe ser utilizada preferentemente para cubrir gastos específicos de
capital, como lo son infraestructura y obras de carácter público.
Ahora
bien, ya que se ha explicado en una forma sencilla la dinámica del estado y su
financiamiento, nos podemos preguntar: ¿Es suficiente la extensión y acción del
estado en todos los aspectos ya mencionados?
Si
bien periódicamente salimos a votar, además de vivir en una sociedad
democrática donde lo anterior es un derecho y a la vez una obligación, ¿Qué tan
conscientes somos de lo que votamos? ¿Qué esperamos que cambie cada vez que lo
hacemos? De manera teórica los impuestos que pagamos desde el día que nacemos
hasta el día que dejemos de respirar deben de ser regresados en forma de educación,
salud, etcétera. Pero más allá de eso el mecanismo de votación nos permite
decidir cómo deberían ser gastados.
El
estado desde una perspectiva popular no tiene una sola cara, más bien podría
ser visto como un dado, mostrando distintas realidades cada vez que se le
alanza al aire y se muestra una distinta clase social, mas no solo en
perspectiva cambia el estado sino también en trato, en impartición de justicia
y hasta en la manera que los impuestos se nos sean condonados o no.
En
el sexenio en curso donde desde el principio se comenzaron a combatir la
corrupción y a la vez a hacer recortes de gasto en áreas esenciales como lo son
ciencia y tecnología nos ha mantenido con un tono agridulce, pareciera que no
podemos tener la certeza con qué criterio se realizan las políticas públicas o
como se pagan nuestros impuestos.
El
estado desde la perspectiva popular durante éste nuevo sexenio pareciera tener
más opiniones encontradas que los anteriores, pareciera que
mientras las clases privilegiadas no aprueban la nueva administración, las
clases media y baja comienzan a sentir una confianza en que las cosas van a
mejorar.
Si
bien la confianza en el estado se ha reestablecido por un cambio de régimen
esperado y desde una perspectiva necesario, más no del todo, competente nos
mantiene al borde de nuestros asientos, no solo estamos presenciando dinámicas
de justicia diferentes somos testigos de nuevas facetas económicas y sociales.
Es
necesario recordar siempre esto, el estado existe por nosotros y hemos de
exigir la implementación de políticas, actividades y programas que beneficien a
la mayoría aún más a aquellos que son vulnerables a todo lo que el mercado
incluye, excluyéndolos a ellos.
La
próxima vez que votemos por cualquiera de nuestros gobernantes, pensemos en la
perspectiva que tenemos del estado y en la realidad que nos rodea. ¿El estado
está permitiendo que la sociedad se desarrolle de la manera en se espera?
Siempre
encontraremos opiniones divididas, pero si de algo podemos estar completamente
seguros es que todos y cada uno de nosotros acá afuera podemos decir algo y
DEBEMOS ser escuchados por los servidores públicos, a final de cuentas el
estado es de nosotros y para nosotros.

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