Por Arturo
Martínez Paredes
Imagine que un país es como una persona, tiene gastos,
tiene ingresos y como muchas personas, muchos países tienen más gastos que
ingresos. Los ingresos de la mayoría de las personas provienen de su salario,
de que produzcan algo. De la misma manera, un país depende de que el agregado
de producción sea mayor que el del gasto, o absorción para que la situación
económica con el exterior sea favorable.
Si una persona quiere invertir en algo o comprarse un
nuevo celular pero no tiene suficientes ingresos, o ahorros tendrá que
endeudarse o no gastar.
Si se trata de países, pasa de un modo similar, cuando
un país gasta más de lo que produce,
llega a una situación de déficit comercial, ya que dentro del gasto está la
importación de mercancías, y si hay mayor producción, pueden haber mayores
exportaciones.
El problema radica en la capacidad para producir y
dejar de gastar, así en personas y países. Un problema que padecen algunos
países son los llamados déficits gemelos, es decir déficit simultáneo en el
sector público y externo (en cuenta corriente). Para entender esto hay que
explicar a una economía en dos: sector público (gobierno) y sector privado, el
sector público tiene ingresos y gatos también, sus ingresos los obtiene
principalmente de impuestos y sus gastos pueden ser programas sociales,
construcción de carreteras, etcétera. El sector público obtiene sus ingresos de
salarios, rentas y también del propio gobierno, su gasto es en consumo.
Si el déficit entre gasto y producción es mayor en
ambos sectores el país tendrá un déficit externo; el mayor gasto se traducirá
como un aumento en las importaciones, de mayor magnitud que las exportaciones.
Lo que nos enseña esta forma de ver al déficit
comercial externo es que un gran gasto interno determina a la situación interna
En un ejemplo empírico se puede visualizar mejor. ¿Qué
pasa en el caso estadounidense? Sabemos que el presidente Trump tiene una
retórica en contra principalmente de China y México, con quien tiene déficits
comerciales bastante grandes. Su idea es hacerles más difícil la entrada al
gran mercado interno estadounidense, y promoviendo con medidas impositivas a
las empresas para que le den trabajo a los estadounidenses. El verdadero
problema del gran déficit comercial estadounidense no es una cuestión
arancelaria ni de impuestos, al menos no de fondo, es que los estadounidenses
gastan mucho más de lo que producen. Desde el sector público y el privado, la
administración Trump ha bajado sustancialmente los impuestos a los
estadounidenses como intento para estimular su inversión, sin embargo eso junto
al recurrente y expansivo gasto del gobierno ha hecho un déficit público
enorme. Su población, su clase trabajadora tiene una cultura volcada al consumo
y a la facilidad de crédito, pero para el tamaño de ese consumo, la capacidad
productiva no es tan grande, además de que su sector industrial (el que Trump
quiere reactivar) es poco productivo, y los salarios exigidos son muy altos.
Como se mencionó, si el gasto es amplio en los
sectores público y privado, el déficit será mayor en sentido externo. El
déficit en cuenta corriente más que provocado por el déficit público, tiene que
ver con el déficit privado, su gran gasto en consumo e inversión.
Si Trump quiere mejorar el déficit comercial tendrá
que hacer reformas más profundas dentro de EE. UU., la estrategia actual no le
conviene a nadie en realidad, aunque en efecto ha disminuido un poco su déficit
con China ha ayudado a encaminar al mundo a una recesión global.

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