Por:
Azael Joshue Mateo Mendoza
Los
resultados de los modelos prevalecientes en lo social, ambiental y económico
han provocado una profunda insatisfacción dentro de la sociedad mexicana. Sus
límites han puesto en duda la efectividad y el conocimiento convencional sobre
el desarrollo económico y la política de cooperación internacional que el país
adoptó desde hace casi 40 años. A partir
de 1983, México abandonó progresivamente la política industrial que lideraba el
Estado y la sustituyó por otra distinta que descansaba en el libre juego de las
fuerzas del mercado. El nuevo curso de desarrollo que desde entonces y hasta
ahora ha tomado nuestro país se nutre del pensamiento neoclásico en su visión
neoliberal.
El
disgusto social es legítimo. El desempeño de la economía mexicana en las
últimas décadas ha estado muy lejos de ser satisfactorio. Antes del denominado
neoliberalismo, de 1932 a 1982, el PIB per cápita real anual promedio fue
alrededor del 3%; a partir de él, de 1983 a 2018, el PIB per cápita anual
promedio fue alrededor del 1% (Tello, 2019) .
Sumamente
receloso con la intromisión del Estado, este modelo neoliberal ha redimensionado
su papel en la economía nacional. Ha fomentado la apertura de la economía
nacional a la competencia con el exterior, así como la liberalización
financiera y de los flujos de capitales, y ha seguido estrictamente un régimen
de metas de inflación y de estabilización de las finanzas nacionales.
Se
ha argumentado en los últimos 6 sexenios que el vacío que en lo económico y
social dejaba la reducción del gasto público sería colmado por la actividad de los
particulares. No ha sido el caso, la evidencia histórica lo contradice: la
inversión pública jala a la privada. La inversión en infraestructura y
servicios proporciona beneficios importantes en el nivel de ingreso por persona
y en el crecimiento económico del país. No efectuarla tiene efectos negativos
sobre el desarrollo humano y el bienestar de la población. Además, existen
sectores claves como la educación y los bienes públicos cuya existencia depende
vitalmente de los recursos públicos.
La
ideología neoliberal enfoca al individuo como “el arquitecto de su propio
destino” sin ponderar el contexto en el que se desenvuelve. Postula que el
individuo en libertad actúa en función de sus propios intereses y para que este
comportamiento individual se pueda potenciar y convertir en beneficio colectivo
entre la sociedad debe garantizarse la existencia del mercado en un contexto de
libre competencia. La realidad dice otra cosa, dice que si eres mujer vivirás
toda tu vida en desventaja frente al hombre, dice que 7 de cada diez mexicanos
que nacen en pobreza difícilmente podrán salir de ella durante toda su vida.
Dice que solamente 5 de cada 100 indígenas tienen una vida digna y que si
naciste en el sur tus expectativas de años de vida saludables serán inferiores
de las que alguien podría tener solamente por haber nacido en el norte. En
conclusión, la realidad dice que los mexicanos no somos tan libres de elegir la
vida que queremos tener. Origen es destino.
Las
necesidades sociales y económicas urgen de forma imperiosa la intervención del
Estado como rector del desarrollo. Dos capacidades transversales son
fundamentales para promover el desarrollo del país: 1. Una mejor elaboración de
políticas públicas para el desarrollo y un mejor financiamiento para estas. No
basta con mejorar las capacidades técnicas, hay que fomentar la capacidad de
gastar mejor y garantizar la sostenibilidad de recursos nacionales para estos;
y 2. Ante un contexto mundial y multipolar, la política de cooperación
internacional debe ser más innovadora para adaptarse. Deben promoverse alianzas
con países de diferentes niveles de desarrollo y fortalecer el comercio en la
región, fortalecer las capacidades y alcances que tienen las estrategias
nacionales y fomentar el intercambio de conocimientos especializados entre
países más desarrollados. Siempre teniendo al Estado y los intereses de todos
los mexicanos por encima de cualquier relación con el exterior.
Estas
recomendaciones plantean estrategias de política púbica para superar las
“nuevas” trampas del desarrollo y transformarlas en oportunidades de progreso. Proveer
a todos los mexicanos de un piso de bienestar mínimo sin distinguir por su
sexo, condición socioeconómica, origen étnico u otro, procurará alcanzar aquella
premisa de ver al individuo como arquitecto de su propio destino y sin un papel
activo del Estado esto difícilmente se logrará. Un pilar fundamental para
conseguirlo es la política fiscal, dada su incidencia en cuatro áreas clave del
desempeño económico y social: 1. El potencial de expansión de la actividad
productiva; 2. La distribución del ingreso; 3. El bienestar de la población
mediante la provisión de bienes y servicios esenciales como educación y salud;
y 4. La acción contracíclica para compensar los efectos adversos de choques
externos (Moreno-Brid, Pérez Benitez, Villarreal Páez, & Salat, 2019) .
El
camino hacia un desarrollo incluyente y sostenible debe incorporar la
naturaleza multidimensional del desarrollo y para lograrlo se necesitan
acciones de política para pasar de estos círculos viciosos a círculos virtuosos
del desarrollo. Ante la estructura económica globalizada, regresar al
proteccionismo nacional que caracterizó al “desarrollo estabilizador” sería un
grave error, pero continuar con el “estancamiento estabilizador” que se ha
seguido en los últimos lustros también lo es.
Los
altos niveles de desigualdad, carencia social y pobreza ponen de manifiesto la
vigencia del modelo neoliberal. La transición hacia un modelo donde el Estado
sea el garante efectivo de los derechos sociales también está dicha, sólo falta
la voluntad política.
Bibliografía
Moreno-Brid,
J. C., Pérez Benitez, N., Villarreal Páez, H. J., & Salat, I. (2019).
Retos de política fiscal para el desarrollo. ECONOMIAunam, 16(46),
61-72.
Tello, C. (2019). Austeridad, gasto
público y crecimiento económico con justicia social. ECONOMIAunam, 16(46),
54 - 60.

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