Por Arturo Martínez
Paredes
La
guerra comercial es por varios sectores, quizá el principal son las
telecomunicaciones. La estrategia del presidente Trump es hacer caer a Huawei y
en otros sectores ha impuesto una gran cantidad de aranceles.
No
es la primera vez que un presidente estadounidense hace una campaña de
desprestigio y sabotaje a una economía, en la década de 1980, Ronald Reagan fomentó una campaña
similar contra Japón, una potencia en crecimiento que fue sometida
económicamente por EE.UU. La diferencia entre ese conflicto y la guerra actual,
en pocas palabras, es que China está peleando el completo liderazgo del mundo.
Lo que distingue a la estrategia de Trump es que se pelea también con sus
aliados. Era imposible pensar que EE.UU. presionara a la Unión Europea o que
pensara en desintegrar la OTAN o la OMC, los presidentes estadounidenses (hasta
Obama) entendían el papel de sus aliados, que, aunque tuvieran diferencias, se
mantuvo una alianza sólida y funcional.
Un
aliado importante para EE.UU. es México, a pesar de la retórica de Trump y sus
seguidores, somos un socio indispensable para gran parte de su economía. México
no sólo está geográficamente cerca de EE.UU., compartimos una de las mayores
fronteras del mundo y también una de las más dinámicas en cuanto a comercio e
inversiones. Somos, como dijo la propaganda de la administración del presidente
Peña, la región (TLCAN) económicamente más dinámica del mundo.
México
está obligado a tener buenas relaciones con EE.UU., aunque se trata de una
relación sumamente desigual. El llamado T-MEC es la mayor muestra de ello,
EE.UU. logró imponer sus condiciones, aunque hubo una significativa oposición
por parte de los negociadores canadienses y mexicanos. Particularmente en el capítulo
32 del nuevo acuerdo, se menciona que los países de la región no pueden hacer
alianzas comerciales con países que no promueven el libre mercado, haciendo una
clara alusión a China. No es para menos, pues si algo está logrando China es
expandir su influencia en prácticamente todo el mundo; en México se ha
instalado como el tercer socio de las importaciones mexicanas, especialmente
manufactureras.
Otra
muestra de la colaboración obligada ha sido la posición de México como país de
traslado para los migrantes centroamericanos. La recién creada guardia nacional
fue enviada a contener los flujos migratorios con una amenaza arancelaria
detrás. Esto mostró claramente la condición de subordinación de México frente a
EE.UU., nos obligamos a cumplir una exigencia con la que no congeniamos y en
realidad no es nuestro problema, para evitar una sanción arancelaria
arbitraria.
En
el marco de esta guerra, existen grandes beneficios potenciales para México, ya
que exporta mercancías relativamente similares a las chinas. Esto puede producir
un efecto sustitución de importaciones, es decir, si China es sujeto de
aranceles, México puede sustituir las importaciones a EE.UU.
México
es una mala opción para socio en la retórica de Trump, pero China es mucho
peor. China le compite el liderazgo mundial y México sólo está obligado a ser
su aliado.

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