Por
Carlos de León
La
prensa mexicana es curiosa. Bolivia es un país que tiene crecimiento económico,
mejor distribución del ingreso y productor de automóviles eléctricos
completamente nacionales, pero lo que se cubre sobre el país es el reciente
episodio político. Hay que ir por partes.
En
diciembre del 2005 el actual presidente Evo Morales toma el poder con la
victoria del partido Movimiento al Socialismo (MAS). La victoria de Evo Morales
es resultado de 5 años de movilización social y el liderado por la comunidad
indígena es el que toma la presidencia.
El
gobierno de Evo Morales fue claro desde el principio: cambiar el modelo de
desarrollo. Se empezó a desmantelar el modelo neoliberal nacionalizando
sectores estratégicos. Los hidrocarburos y la minería fueron sectores en los
que se basaría el nuevo modelo de desarrollo dirigido por el Estado. Por otro
lado, se fomentó una reforma agraria que permitía la expropiación de tierras a
futuro y la repartición de éstas de forma comunitaria en 2006.
Por
su parte, la oposición del régimen anterior estaba muy presente en los primeros
3 años de gobierno. Después de la reelección pareciera ser que se calmó la élite empresarial y empezaron las coaliciones entre el gobierno y los
empresarios para un cambio en el país.
En
datos, Bolivia es una de las economías que más crece en América Latina. El
crecimiento del PIB es en promedio de 4.85% desde que entró Evo Morales al
poder; esto es el doble del promedio del crecimiento mexicano en el mismo
periodo. En cuanto a su política monetaria, el Banco Central de Bolivia
controla el crédito interno para controlar la inflación. Los resultados han
sido buenos, tomando en cuenta que no es el objetivo principal del Banco
Central. El promedio de la inflación del periodo de Evo Morales es de 5.5% con
un máximo de 14% en 2008 y un mínimo de 2.2% en 2018. En cuanto a la
desigualdad, Bolivia ha presentado avances: la pobreza extrema ha pasado de 63% a 34% de 2005 a 2018.
Con
la minería nacionalizada la producción de litio hizo más fácil el crecimiento
económico por la exportación a China para las baterías de celulares y
automóviles eléctricos asiáticos. Por parte del gas natural (hidrocarburos) se
favorece de la exportación hacia Argentina y Brasil a través de
gasoductos.
Todo
suena de maravilla, pero ¿Por qué suena el descontento social en los medios de
comunicación?
A
diferencia de Chile o Ecuador, Bolivia no vive el descontento por las
políticas neoliberales. Es todo lo contrario, Bolivia tiene un modelo de
desarrollo dirigido por el Estado. Lo que pasó en Bolivia tiene que ver con las
últimas elecciones presidenciales. El proceso electoral en Bolivia se
conforma de dos rondas de votación. Si en la primera ronda un candidato lleva
más del 50% de votos o más de 40% con una diferencia de 10% al segundo lugar no
se realiza la segunda vuelta.
Lo
que pasó en las últimas elecciones en Bolivia es lo que ha puesto al país en
los medios masivos. En el preconteo de los votos la plataforma digital (el
equivalente al PREP) se cayó. Cuando regresó el sistema Evo Morales ya llevaba 10% más que el segundo lugar; con un 46% aproximadamente. Así Evo Morales se
proclamaba presidente electo sin necesidad de una segunda ronda. Lo
interesante es que desde antes de las elecciones el segundo favorito, Carlos
Mesa, llamaba a defender el voto y que probablemente habría fraude electoral.
Tras
la caída del sistema empezaron las revueltas. Se le acusa de Evo Morales de
hacer fraude electoral para seguir en el cargo. Se quemaron algunas urnas y
ahora hay un problema de legitimidad del MAS y de la figura de Evo
Morales. Aquí habría que recalcar dos cosas. Primero: el gobierno de Evo
Morales no es una dictadura porque hay un proceso democrático. Y segundo: el
gobierno de Evo Morales pudo ahorrarse el problema de legitimidad si se
aceptaba la segunda ronda de elecciones. Desde antes de que se fuera el sistema
Morales ya llevaba ventaja al segundo lugar por lo que es probable que el MAS
ganara en la segunda ronda.
Referencias
Uharte, L. (2017). UNA DÉCADA DEL GOBIERNO DEL M.A.S. EN
BOLIVIA: UN BALANCE GLOBAL. BARATARIA, 131-148.

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