Por
Arturo Martínez Paredes
El
dato es contundente, el PIB mexicano decreció ligeramente en 2019, lo que
representa la primera caída en una década, cuando México y el mundo pasaba por
una crisis financiera global que provocó una caída en el PIB de 2009 de más de
6%. ¿Esta vez qué ocurrió? En primera instancia INEGI nos dice que el bajo
crecimiento del producto viene del sector industrial, ya que el sector agrícola
y el de servicios tuvieron crecimientos de 1.9 y 0.1% respectivamente. El
sector industrial arrastra al dato a cifras negativas con una caída de 1.5%, particularmente
en el sector de construcción.
Más
allá de la cifra, algunos culparán al presidente por diversas razones, cancelar
el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, por la muy significativa austeridad
republicana que limita el gasto del gobierno y aumentar los impuestos, que, a
pesar de las repetidas promesas, hubo un ligero incremento, particularmente en
el IEPS, que se carga a algunos productos y servicios específicos. El
presidente ha repetido su promesa de crecimiento cercano al 4% en su
administración, y ante el cuestionamiento del dato negativo optó por no dar
importancia del crecimiento económico argumentando que la distribución del
ingreso ha mejorado, que las personas tienen mayor bienestar y que el
desarrollo importa más que el crecimiento.
Sin
duda la realidad económica es más compleja que una sola cifra que muchos
economistas suelen referir como sinónimo de progreso, y en lo personal comparto
la opinión del desarrollo y el bienestar de la mayoría de la población como un
elemento más significativo que el crecimiento económico medido a partir del PIB;
sin embargo, para juzgar de mejor manera lo que va de la administración AMLO,
hay que revisar muchas más cuestiones.
El
contexto externo es importante. Se suele entender de forma errónea, que las
decisiones y resultados de las economías son elementos aislados que dependen de
los criterios de la clase política y de algunos otros actores en el contexto
nacional. La verdad es que hay innumerables factores externos con los que la
economía mexicana está relacionada de manera importante y de que no puede
ignorar.
La
incertidumbre por un nuevo gobierno de izquierda está presente, la inversión
para países en desarrollo en tiempos de guerra comercial y de desaceleración de
gran parte de las economías del mundo arremeten contra de estos países y
prefieren los menos riesgosos mercados desarrollados, aunque su rentabilidad
sea claramente menor. Es el caso de la bolsa de valores de Nueva York, que se
encuentra sumamente en auge, aunque la economía estadounidense no camine de la
mejor manera y se encuentre en una guerra comercial de la que no se está
favoreciendo.
AMLO
entiende que debe ser cauteloso y que no es tarea sencilla desarrollar un país
de manera significativa con una explosiva política de gasto y bajas tasas de
interés para incentivar el desarrollo hacia adentro. La cautela es un factor
importante en momentos de coyuntura como el actual; sin embargo, la cautela
puede ser demasiado y puede tender al estatismo. Se debe considerar que
continuar con esta forma de gobernar no es sostenible, que el crecimiento es
importante para el desarrollo sólo si se llevan a cabo políticas que orienten
de manera adecuada. En mi opinión es urgente una reforma fiscal contra cíclica
de fondo y la lucha por la disminución de la desigualdad, generar más inversión
pública, el impulso a generar por primera vez en décadas políticas industriales
de peso más allá de la lógica rentista y de la inversión multinacional que no
aporta ni valor agregado, ni salarios significativos, entre muchas otras que no
caben en un artículo tan corto.
En
suma, el crecimiento es importante, pero no lo más importante, es preocupante que
no crezca la economía mexicana, pero sería más preocupante que se mantenga una
pasividad que no conduzca a ninguna forma de desarrollo.

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