Por Arturo Martínez Paredes
Este
año hay elecciones presidenciales en EEUU, y cada partido, de los únicos dos
que tiene la nación estadounidense, debe tener un candidato propuesto en poco
tiempo. Tradicionalmente el partido gobernante, en este caso el republicano,
propone nuevamente al propio presidente en turno, en busca de una reelección.
Del otro lado, la oposición, los demócratas proponen a su candidato, que no es
tan claro como en el lado republicano. El mecanismo para elegir al candidato
entre los postulantes del partido se conoce como primarias, los candidatos se
eligen a partir de delegados y el que llegue a la mayoría simple, es candidato
del partido demócrata al a presidencia estadounidense.
Hay, en el momento de escribir este artículo, una disputa entre principalmente dos
candidatos, por un lado Joe Biden, que hasta ahora lleva una ligera delantera y
por el otro Bernie Sanders. El primero fue vicepresidente en la administración
Obama y pintaba desde hace tiempo como una elección sensata que extendería la
línea llevada con Obama, un liberalismo, ligeramente progresista con apoyo de
la mayor parte de la clase empresarial estadounidense. Sin embargo, Biden hasta
hace pocos días, no tenía ni fondos significativos en su campaña, ni el apoyo
de un gran número de distritos, el martes, la tendencia se revirtió y ha
conseguido el apoyo de diversos estados, en especial de la población afroamericana.
Del otro lado Bernie Sanders, es probablemente la figura políticamente
relevante más a la izquierda que haya tenido la historia reciente
norteamericana, ha consolidado el apoyo de gran parte de la población joven
desde el “socialismo democrático”. Cabe mencionar que hacerse llamar socialista
en EEUU, es sumamente radical, aunque las propuestas son poco más que
progresismo, ampliamente conocido en Europa y el resto del mundo, es entendido
en el imaginario colectivo caricaturizado muchas veces casi como un comunismo
despiadado que busca la eliminación de la propiedad privada en favor de una
dictadura despótica. A pesar de esto, el senador Sanders ha logrado convencer a
buena parte de la población estadounidense que ha sufrido los embates del
armonioso y libre sistema que ideológicamente se pregona en aquel país. Es en
cierta forma, la cara del hartazgo popular que no apoya a Trump.
En
realidad, parece complicado que Sanders logre la victoria en las primarias, y
seguramente será Biden el candidato, más aún ante la retirada del ex alcalde de
Nueva York Mike Bloomberg, que por cierto invirtió más que cualquier otro
aspirante a la candidatura en su campaña. Biden seguramente tendrá el apoyo
político y económico de Bloomberg, así como del empresariado estadounidense
descontento con el presidente Trump.
Aún
a pesar de que Biden como virtual candidato logre conciliar al partido y al
empresariado tendrá en contra a los dos grandes enemigos que Hillary Clinton
enfrentó hace ya cuatro años: El hartazgo del pueblo estadounidense respecto al
modelo que se pregona y cuando menos los ha decepcionado, y Trump como el que
aprovecha este hartazgo, a pesar de que la economía de EEUU no camina en buena dirección de fondo en
lo que va de su mandato, incluso la bolsa que hasta hace una semana había sido
(erróneamente) el mayor indicador de que las cosas iban bien, se ha desplomado
como no había ocurrido desde la crisis mundial del 2008.
Soy
pesimista y creo que Trump se reelegirá en las próximas elecciones a menos de
que algo sumamente extraordinario suceda. Trump, a pesar del mal trabajo que hace
por su país, sabe dirigir los sentimientos de las masas para mantenerse como
una opción mejor que lo que había antes.

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