Por Arturo Martínez Paredes
La pandemia hace
estragos en dos sentidos, en la salud y en la economía. La enfermedad y el
miedo al contagio nos ha hecho provocar una depresión económica, afecta en gran
forma a la mayoría: a los empleos, al comercio mundial, al desabasto de
mercancías indispensables; que nunca nos detenemos a pensar que dependen de que
las fronteras sigan abiertas y la producción en lugares lejanos se mantenga.
Ante este paro hay escasez de algunos insumos por la caída en la producción y sobreabundancia
por una terrible falta de demanda, por ejemplo, en el caso petrolero, en donde
los productores del mundo han acordado limitar su oferta ante la nula demanda.
Todo esto sobre una tendencia de por sí negativa en el crecimiento económico
que se aproximaba, aun sin pandemia, a una recesión mundial.
Hay protestas, marchas y demás muestras públicas de desprecio en contra
del encierro, en especial por parte de la derecha, en varios países, se opina
que el remedio es mucho peor que la enfermedad. El presidente brasileño
despidió a su ministro de salud por considerar al confinamiento como
prioritario, por encima de la economía, a fin de cuentas, es verdad que la
mortalidad es baja, están dispuestos al contagio y la enfermedad con tal de no
arriesgar la economía. Se les tilda de irresponsables por salir y exponerse, de
tener mal sus prioridades; sin embargo, hay siempre algo de verdad en cualquier
muestra de descontento.
¿En realidad es necesario escoger entre alguna de esas dos vías? ¿Se
tiene que elegir entre perder el empleo o exponerse a perder la salud? Ojalá
no, y es posible a partir del correcto apoyo por parte de las instituciones
adecuadas, enfocadas en las personas y los países más vulnerables. Para ello se
deben enfocar esfuerzos para un multilateralismo que tenga en cuenta esto, sin
embargo hay quien no está de acuerdo.
En esta crisis se han conjuntado los enemigos de Trump; China, una
institución multilateral (la OMS) y ahora un virus que pone en peligro su ya
dañada economía, en especial para los empleos de sus votantes. Si en China
surgió el virus, lo lógico en la mente de Trump es dejar de financiar a la OMS
y que sea problema de ellos.
Si el paulatino abandono en realidad ocurre, y no es sólo la amenaza de
esta semana de Trump al mundo, significa el abandono del liderazgo estadounidense
en organizaciones multilaterales que claramente le abre las puertas a China
como nuevo líder. Falta ver qué tanto se abandona el financiamiento y la
influencia en ciertas organizaciones y cuáles. Por ejemplo, el caso de la OMC
no es tan importante para el papel de EE. UU.; sin embargo, el FMI, es mucho
más apreciado, mucho más jerárquica la influencia interna en el organismo, y
mucho más cerrado su control, en el que China ya ha intentado adquirir más
influencia sin mucho éxito.
Independientemente de quien lidere las organizaciones multilaterales, es
fundamental que sigan existiendo y que tengan una presencia significativa, es
fundamental para el rescate de los países en desarrollo, ante esta pandemia y
la recesión que habría ocurrido aun sin el virus. Hasta ahora hay algunos
esfuerzos desde estos organismos, lamentablemente son insuficientes.
La realidad sobre los costos del remedio en contra del virus es que se
necesita un rescate amplio, la economía importa y también la salud, con las
adecuadas instituciones se debe ampliar la ayuda a quién realmente se encuentra
vulnerable.

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