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El hartazgo en Sudamérica y qué debe aprender México




Por Arturo Martínez Paredes

Seguramente has leído sobre la oleada de protestas que han sucedido estos últimos días en muchos países sudamericanos. El caso más reconocible es el chileno, en el que una gran cantidad de gente, principalmente joven, se ha volcado en contra de una serie de reformas impuestas por el presidente Piñera; sin embargo, no es una protesta aislada, lo acompañan los casos de Honduras, Haití, Colombia, Ecuador, Bolivia y Uruguay que actualmente pasan también por una situación caótica, todo en estas últimas semanas. ¿Pero qué es lo que hace que tanta gente en tantos países salga a las calles y exija la renuncia de su presidente y/o por lo menos la anulación de ciertas prácticas y reformas? Algunas de las protestas tienen raíces en común, aunque hay que aclarar que cada caso particular es distinto, creo que el hartazgo es la mejor palabra para describirlos a todos.
En Chile y el resto de los países latinoamericanos, hemos pasado por años de reformas de tipo neoliberal, que para efectos prácticos significan recortes a sectores sociales y disminuir espacios públicos, haciéndolos privados, el neoliberalismo implica más cosas, que puedes leer aquí (https://debatiendoeconomia.blogspot.com/2019/05/ya-se-acabo-que-es-el-neoliberalismo.html). Estas prácticas han tenido consecuencias lamentables en muchos ámbitos y la gran cantidad de movimientos políticos en su contra a lo largo de lo que va del siglo XXI son prueba de ello, más allá de la retórica de izquierda, es innegable que hay algo detrás que no funciona y tiene descontentos a millones.
En el caso chileno y ecuatoriano, los principales detonadores pueden ser los aumentos a los servicios de transporte; sin embargo, la causa es seguramente el agotamiento de un modelo económico que no ofrece condiciones de vida dignas para la mayoría, en Ecuador fue especialmente significativa la retórica en contra del FMI, una clara muestra de la falta de credibilidad, no solo de la institución, sino de la serie de políticas que promueve; las protestas principalmente van en contra de la austeridad, una palabra que el presidente mexicano repite con orgullo juarista y republicano.
En Haití y Honduras, se proclaman en contra de la corrupción de su respectivo presidente, en el caso de Honduras con aparentes ligas con el crimen organizado, las protestas parecen similares al caso mexicano durante el sexenio pasado. Responden en última instancia a la desigualdad estructural propia.
Uruguay celebrará el domingo 27 de octubre elecciones presidenciales (también Argentina), al margen de una protesta por una reforma que permite la militarización del país y el allanamiento.
En el caso de Bolivia es completamente distinto, el gobierno de Evo Morales que acaba de reelegirse en unas muy polémica elecciones. La elección del presidente boliviano fue “cerrada”, es decir que Evo Morales ganó con el mínimo requerido para evitar una segunda vuelta de elecciones, aun así, sigue siendo un rango de 10% por encima del segundo lugar. Aun así, es evidente que su popularidad no es lo que fue hace unos años y esa importante oposición también comparte el hartazgo de sus vecinos
En la mayoría de los casos, las protestas han sido violentas, y la represión por parte de las autoridades respectivas no se ha hecho esperar, se cuentan decenas de muertos y heridos. El hartazgo es evidente en todos estos casos, México debe aprender que la austeridad es por lo que muchos de estos países están manifestándose, y que la retórica, si es anti neoliberal, debe de respaldarse con acciones puntuales que promuevan resultados económicos que por lo menos no parezcan neoliberales.

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