Por Arturo
Martínez Paredes
Este año 2020 hay elecciones para presidente en EEUU, y Trump pretende reelegirse. A pesar del Impeachment en su contra, el discurso extremista y la guerra comercial que no ha funcionado para la economía estadounidense, que seguramente serán un completo fracaso; Trump es un sólido candidato. Una guerra es una medida para unificar criterios a su favor.
Lo que está haciendo Trump no es novedoso. En las
últimas décadas, los presidentes estadounidenses han atacado en diversas
ocasiones países en medio oriente, como es bien sabido. Tampoco es novedoso
hacerlo para intentar una reelección. En 1992, el presidente Bush (padre)
inició la primera guerra del golfo con estos fines, en contra de Saddam Hussein,
uno de los mayores antagonistas para EEUU y la familia Bush. El entonces
presidente perdió esa reelección contra Bill Clinton, pero la intención fue
clara. Desastrosa para las aspiraciones de Bush y para las víctimas humanas de
una guerra ridícula.
Hablando de guerras ridículas, la guerra comercial
dio un giro importante desde el lado institucional hace menos de un mes. Pero
antes, mencioné en julio de 2019 que el multilateralismo de la OMC era carente, que
cada vez era menos relevante, y que Trump era una amenaza para los organismos
multilaterales que restan. Pues, la OMC deja de cumplir su función de juez de
comercio internacional, ya que EEUU ha desintegrado el tribunal de resolución
de disputas, por tanto, regirá la ley del más fuerte en el comercio
internacional. EEUU pretende ser juez y parte en medio de una guerra comercial,
en la que no va ganando.
Con esto, EEUU gana más fuerza y se deshace de las
molestas trabas burocráticas que interfieren con su dominio hegemónico. El
único organismo multilateral significativo que resta son las Naciones Unidas,
que deberían hacerse presente como el contrapeso multilateral que debería ser y
detener las intenciones del presidente de EEUU.
Hasta el 2019, Trump sólo era una amenaza para la
globalización y algunas instituciones. Una guerra comercial no es favorable para
EEUU ni para el mundo, pero el costo significaba pérdida de empleos y caída en
algunos indicadores económicos; una guerra de las proporciones que puede
desencadenar el conflicto con Irán es una cuestión muy distinta.
Ahora esperemos que esta guerra sea sólo un
espejismo, que el presidente estadounidense recapacite y se dé cuenta que su
país, como en el caso de Bush padre en los años 90, quizá no ofrezca un
entusiasmado apoyo electoral, ni apoye otra intervención en medio oriente sin
motivos. Y más allá de la opinión de sus propis ciudadanos debe recordar que ésta
vez no se trata de un mundo donde EEUU sea el único país que dispute la
hegemonía, y que el presidente de ese país no puede hacer más lo que le plazca,
existan organismos multilaterales o no.
El año pinta mal para la economía, por lo menos de
occidente, la paz mundial y los organismos multilaterales. Esperemos que sólo sea
una percepción incorrecta.
Bibliografía
Doncel, L. (10 de diciembre de 2019). El País. Obtenido
de https://elpais.com/economia/2019/12/10/actualidad/1576010220_937303.html
La Nación. (21 de octubre de 2007). La
Nación. Obtenido de
https://www.lanacion.com.ar/economia/asi-nacio-la-frase-dirigida-a-un-estupido-nid954994

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