Por Carlos de León
I+D se refiere a la inversión y desarrollo que se
aplica por organismos públicos y privados para la investigación científica de
productos nuevos o mejoras técnicas. Por ejemplo: Si Boeing quiere un avión
nuevo invierte para que sus ingenieros hagan el nuevo avión. Dicha inversión es
importante para el desarrollo de las empresas tecnológicas y manufactureras
para el aumento de la productividad y ser más productivas en el mercado.
Igualmente, aumenta la demanda de trabajo calificado y mejor pagado. Con esto,
la empresa privada es a la que interesa el gasto en I+D; pero es eso, un gasto.
Los recursos se pueden tomar de tres fuentes principalmente: reinvertir
utilidades, financiamiento del sistema financiero y que el Estado ponga el
dinero. Así, el papel del Estado con una política de innovación debería
funcionar. Si el Estado inyecta recursos en creación de nuevos productos para
el aumento de la productividad en ciertas empresas será mas competitivo el país
en el mercado internacional.
Recordemos que la guerra tecnológica es de suma importancia
en nuestra actualidad. Los avances en tecnología china han sido apoyados por el
Estado y ahora ponen en jaque a la economía estadounidense en artículos como
paneles solares, teléfonos inteligentes, automóviles eléctricos, etcétera.
Según Estrada y Pacheco-Vega (2009), tras la revisión
de la literatura especializada en innovación y desarrollo los puntos
importantes son:
·
Establecer una política de Estado en
ciencia, tecnología e innovación.
·
Incrementar el financiamiento.
·
Desarrollar la ciencia y la tecnología.
·
Identificar prioridades.
·
Impulsar las actividades de innovación en
las empresas, en particular la I+D.
·
Fomentar la colaboración entre la academia
y la industria.
·
Vincular la ciencia, la tecnología y la
innovación con la educación, con una especial referencia a la educación
superior.
·
Facilitar las iniciativas de fomento en
ámbitos subregionales (p. e. para el caso nacional, en las entidades
federativas) o mediante la cooperación regional.
Por lo tanto, el Estado debe tener una política de
incentivos monetarios, acceso al crédito para I+D y una constante practica de juntar
a la academia con el sector industrial a través de foros y ferias de ciencias. Es
importante que un gobierno identifique que necesita con mayor urgencia y no
gastar en cualquier I+D. Por ejemplo, si el gobierno de México quiere invertir
en I+D en producción de barcos sería difícil incrustarse en el mercado mundial
cuando el principal productor es Corea del Sur que lleva años en el mercado de
barcos. Es necesario planificar bien que tipo de industria se debe apoyar con I+D.
Hablando de México, la situación del I+D es
deplorable. El gasto en I+D respecto al PIB en México es el segundo más bajo de
la OCDE, con un 0.48% estamos únicamente por encima de Chile. En el extremo
opuesto esta Corea del Sur con un gasto del 4.5% del PIB. La importancia de
gastar en I+D no recae únicamente en buscar mayor productividad, también en la
creación de empleos mayor capacitados. En diciembre de 2019, del total de los
desempleados el 49% eran personas con la preparatoria terminada o más. Del
mismo total, las personas con primaria incompleta son las que menos están
desocupadas. El empleo en México es mal pagado y en su mayoría a personas no
capacitadas.
En los párrafos anteriores, suena bastante sencillo. El
gasto en I+D puede impulsar un país como Corea del Sur o China, entonces que
México gaste más en I+D. La realidad es un poco más complicada. En México, los
ingresos fiscales son mínimos como mencioné en la nota
anterior, por esto, la opción de transferencias de recursos públicos a
empresas industriales es difícil. Por parte de los créditos es todavía más
complicado por el abandono de la banca de desarrollo de nuestro país desde hace
años. Con los últimos recortes de presupuesto público el CONACYT recibió menos
recursos para continuar sus funciones. Igualmente en las universidades, es más
conveniente recortar presupuesto a los institutos de investigación que dejar
los lujos como las engrapadoras de 50,000 pesos.
Las restricciones de avance de política de innovación no
son las únicas que bloquean el gasto en I+D. Las empresas, las que necesitan el
I+D más que nadie, no gastan en esto. Según la OCDE, el gasto en I+D por parte
de las empresas es solo de 0.1% del PIB, esto quiere decir que el gobierno pone
el otro 0.4%. Con un sector publico debilitado porque no puede darse el lujo de
gastar en eso porque hay problemas más serios como la seguridad y la salud; y
con un sector empresarial que parece que no le interesa, será difícil que
México pueda tener innovación y desarrollo propio.
Bibliografía
Estrada, S., &
Pacheco-Vega, R. (2009). Sistemas y políticas de investigación, desarrollo e
inovación. Algunas propuestas. Espiral.


Comentarios
Publicar un comentario